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Entrevista: David del Puerto

David del Puerto-¿Cómo recibió la propuesta de componer una obra para el Concurso Internacional de Guitarra Alhambra?

Recuerdo que fue una llamada del propio José Luis Ruiz del Puerto, que me pilló minutos antes de salir para el estreno de mi obra “Caro Domenico” en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid… Es decir, ¡recibí la propuesta con la guitarra en la mano!

-¿Hasta qué punto ha condicionado la creación de la obra el hecho de ser un encargo para un Concurso?

Por propia voluntad he querido que el condicionamiento fuera intenso en un sentido muy particular: he procurado que se tratara de una obra muy idiomática, abiertamente nacida de la guitarra, pero a la vez alejada de un virtuosismo que pudiera resultar agobiante para el concursante en el trance que supone participar en un concurso internacional de esta altura. Mi idea era, finalmente, que el concursante pudiera mostrar más su musicalidad que un grado de virtuosismo que seguramente estará presente en otras obras que podamos escuchar en la competición.


-Fantasia y Rondó es el título de la obra que ha compuesto. ¿En qué se ha inspirado para componer esta pieza?

Realmente, el punto de inspiración ha sido la propia guitarra, que es para mí un verdadero “gabinete de composición”.


-¿Qué puede contarnos de ella?

Se trata, como el título indica, de un díptico. La Fantasía es una pieza en forma ternaria, muy sencilla, con una primera parte basada en una contraposición libre de elementos, seguida de una sección central rápida y fluida, en arpegios que ascienden hasta conquistar el registro sobreagudo, para llegar a una recapitulación condensada de la primera parte, que se pierde en una coda rallentando, evanescente, que alterna armónicos y notas reales. El Rondó es, por el contrario, un movimiento eminentemente rítmico, con un estribillo enérgico y sencillo. El último episodio es un canon, que interrumpe la textura predominante en la pieza antes de la última aparición del estribillo.

-¿Qué cree que aporta al repertorio para guitarra?

Puff! Sería muy presuntuoso por mi parte intentar definir este punto. Eso lo decidirán los intérpretes y el tiempo...


-Dentro de su actividad profesional como músico destaca también la de ser un buen guitarrista. A la hora de componer esta obra para guitarra u otras que ya tiene en su catálogo ¿Cree que le ayuda el hecho de conocer muy bien el instrumento o por el contrario cree que se sentiría más libre si no fuera así?

Pienso que en todos los instrumentos, pero muy especialmente en el caso concreto de la guitarra, el conocimiento del medio es una enorme ayuda para adecuar correctamente las ideas musicales al resultado sonoro. La mecánica del teclado es bien conocida por todos los compositores; la de los vientos o incluso la de los arcos (al menos en su tratamiento orquestal) es muy “asumible” a la hora de componer. La guitarra presenta, sin embargo, unas particularidades técnicas que hacen que pasajes de concepción sencilla sean imposibles de ejecutar mientras que, al contrario, otros aparentemente tremendos resulten fáciles y eficaces para sacar un gran partido al instrumento. No digo con esto que piense que hay que ser intérprete del instrumento para escribir para él, ni mucho menos: al hablar de que el compositor debe “conocer” no me refiero a “tocar”, sino a poder imaginar con cierta precisión la técnica de un instrumento. Pero desde luego, en mi caso concreto, el hecho de ser intérprete me da - no me quita – libertad, en buena medida porque la improvisación juega un papel importante en mi manera de abordar la composición: trabajo mucho con apuntes que provienen de improvisaciones nacidas en la guitarra.

-¿Cómo ve el panorama actual de la composición para guitarra entre las nuevas generaciones de compositores?

Creo que la guitarra, por fin, se está normalizando entre los jóvenes compositores, gracias en gran medida a la labor de varias generaciones de intérpretes especialmente interesados en ampliar el repertorio del instrumento. Hoy día es frecuente que el catálogo de los nuevos compositores contenga tanto obras para guitarra sola como, quizá más importante aún, música de cámara con guitarra. El panorama es, desde mi punto de vista, excelente, pero los intérpretes no deben de cejar en su empeño de vivir en el presente y demandar música nueva.


-¿Cree que siguen siendo necesarios los Concursos para abrirse camino en el mundo profesional de la música?

Indudablemente. Puedo decir que, como profesor de análisis y armonía para intérpretes, conozco de cerca el tema, y veo día a día que los concursos siguen siendo una herramienta imprescindible, tanto para abrirse camino como para tener una visión más objetiva del trabajo de uno frente (o al lado de) los demás en el instrumento. El concurso es además un estímulo de primer orden para el estudio, una manera de conocer repertorio y, a fin de cuentas, una forma de llegar al mundo con el propio instrumento como arma y modo de expresión.

 

-¿Qué consejos les daría a aquellos guitarristas que estén preparando su obra para presentarse al Concurso?

Que trabajen analíticamente la partitura antes de empezar a estudiar (no hay una sola forma de hacer esto: cada cual se aproximará a la obra según su sensibilidad, conocimientos y necesidades), y una vez conocidos sus aspectos principales – forma, armonías y modos característicos, ritmo, texturas –, se dediquen a expresar con total libertad, es decir, a hacer música…